sábado, 27 de febrero de 2016

Sobre el nombre del Dios “El” en la Biblia


Hay un asunto de interés actual respecto al origen y evolución del nombre de Dios en Israel y del monoteísmo bíblico en general. Y digo que es de interés porque su fluctuación, diversidad y complejidad formativa abre horizontes actuales para nuestra visión del Misterio, principalmente respecto al asunto de género (dioses y diosas) y respecto al asunto de la relación entre las distintas religiones y entre éstas y los no creyentes.

Me propongo presentar el interesante artículo de Mark S. Smith, "Los orígenes del monoteísmo bíblico de Israel desde su antiguo politeísmo y el ugarítico", en el que descubro algunas pistas sobre el origen del nombre del Dios “El”, sostenido en algunos relatos de la biblia hebrea (Antiguo Testamento o Primer Testamento, para los cristianos).

El nombre de Dios El, la Biblia lo trasmite con frecuencia en plural (elohim) para referirse a los dioses en general; y en algunas ocasiones más contadas lo transmite en las formas compuestas El Roi, El Saday, El Berit….

El nombre “El” aparece por primera vez testimoniado en la edad de bronce, en Ugarit; luego, en la edad de hierro, en Fenicia, Aram y Transjordania. En Ugarit es nombrado con profusión: 500 veces, como jefe y padre de dioses, en el II milenio a.e.c.  El texto de la Biblia del profeta Ezequiel, c. 28, el autor Filón de Biblos y un par de inscripciones, son indicios –discutibles, es verdad- del culto a El en Fenicia, durante algunos tiempos del I milenio e.a.c. Una lista de dioses y una sola inscripción atestiguan la presencia del nombre del Dios El en Aram. Para la región de Transjordania hay unas pocas inscripciones más discutibles, por su oscuridad.

Sobre el nombre “El” referido al antiguo Dios de Israel se pregunta Smith y detalla sus conclusiones. El libro de Deuteronomio 32, 8-9, en la versión griega de los LXX conservada en Qumram, indica que Yhvh es un hijo del Dios El, a quien aquél le asignó la porción de Israel como su pueblo. Esto explicaría la antigua relación con el Dios “El”, según el final del nombre Isra-el, y no Isra-ya (del nombre del dios Yvhv, por ejemplo). El texto de Génesis 49, 24-25 y el Salmo 82 presentan a Yvhv y El como figuras separadas.

Con base en estos indicios, considera Smith que el nombre “El” está referido al Dios más antiguo y padre de dioses del antiguo panteón en Israel. Yhvh sería un Dios posterior subordinado al Dios El. Sin embargo, en el cántico de Débora (libro de Jueces), las tribus del sur atribuyen al Dios Yhvh una victoria central. A partir de ese momento se va imponiendo el nombre Yhvh como Dios poderoso y finalmente único, identificándolo con el Dios El. Progresivamente se asume su culto en las montañas del Israel pre-monárquico. La sobrevivencia del culto al Dios El en Transjordania puede estar indicada en los libros de Números 23-24 y Job.

Se cuestiona la visión tradicional entre los investigadores, que proponía el nombre de Yhvh como Dios en Egipto y el nombre El como Dios de las montañas de Israel, ya que los textos de Números 23,22 y 24, 8 asocian al Dios El con Egipto. El texto del libro de Éxodo 6, 2-3, apunta que el Dios El-Saday fue después identificado con Yhvh. Podría tratarse de un texto que busca solucionar la tensión entre los dos nombres.

Hasta aquí llega Smith. Desde estos valles campesinos acogemos estos aportes que nos re-sitúan en la conciencia del Misterio, como Dios de  todos y todas, como Dios del encuentro de los distintos, como Dios del pueblo, como Dios de la historia.


domingo, 7 de febrero de 2016

Job, criatura de Dios, "hijo del orgullo"




¿Quién eres, Job?

Job, ¿quién eres?, ¿qué buscas?, ¿qué pretendes con tu escrito audaz?[1]  Desde lejos, desde más allá de 2400 años, gritas en el estercolero.
Te oigo en la impotencia de este barrio olvidado de Dios y los poderes. Nos falta organización para tener voz. Nos faltan fuerzas para algo más que sobrevivir. El poder eclesiástico nos convoca y luego nos olvida. El poder económico prescinde de nosotros, sólo cuenta nuestros brazos reproductivos, nuestro sexo reproductivo.  Te oigo desde estas iglesias nuestras en decadencia, desde esta Vida Religiosa doblegada, en extinción.
Job, ¿eres uno de los nuestros? En tu discurso oscuro no te reconozco. La universalidad proclamada de tu sufrimiento, ¿es tan sólo palabra de sabio, palabra culta que está tan lejos? ¿Eres un rico propietario que pasa un mal momento?, ¿eres un pobre que añora bienestar?
Gallazi reflexiona sobre la realidad contextual de Job:
Es indiscutible que hay un contexto conflictual tras estas páginas. Pero, ¿qué tipo de conflicto? Este conflicto nada tiene que ver con Jerusalén, ni con el segundo templo sadocita…
Y, posiblemente, poco o nada tiene que ver con Judá. Todos los personajes son “extranjeros”: Job es de la tierra de Hus (1,1), Elifaz viene de Temán, Bildad de Šuaj, Sofar de Naamat y Elihú viene de Buz… Lo que está en discusión es el ser humano: hombres y mujeres frente a su realidad y frente a su historia, personal y comunitaria. El hecho de que Job no tenga genealogía puede ser un signo de este horizonte universal.
Es la búsqueda por una respuesta universal para realidades concretas y universalmente vividas. La relación y hasta la dependencia de la literatura sapiencial de otros pueblos, sobretodo, árabes, egipcios y mesopotámicos, es, evidente y reconocida por todos los exegetas.
En este contexto, el libro de Job toma, indiscutiblemente, el lado de quien sufre, de quien grita y clama por la justicia, al lado de los pobres y de las pobres y rechaza explicaciones y teologías de quien procura silenciar el grito del pobre, encubriéndolo en nombre de Dios y proclamando, como única solución, el arrepentimiento y la resignación, en nombre del miedo que él inspira, por causa de su inmensa e incuestionable justicia.

L. Vaage, por su parte, te asocia con los grupos sociales que se ven enfrentados a problemas socio-económicos crecientes y añoran el pasado. En todo caso, resalta tu humillación actual.
A mi modo de ver, es importante no tomar a Job como un símbolo general del inocente que sufre. Si lo tomamos así, no habrá manera de poder entender la respuesta de Dios a Job como palabra liberadora. No vale la pena tratar de hacer de Job un símbolo general del oprimido... El debate del libro presupone que Job era antes muy distinto al pobre humilde que ha llegado a ser.
¿O es quizá más importante el hecho de que cuando Job abre su boca por primera vez ya es un pobre humilde, y todo lo que dice después en cuanto a su vida anterior —una vida pintada de excelentísima— puede entenderse como el discurso típico de mucha gente hoy, quienes, en medio de problemas socio-económicos cada vez más graves, suelen recordar con añoranza un tiempo en el pasado cuando la vida no era así? No importa lo que Job era. A la hora de su lamentación tan profunda, él existe como cualquier otro humillado, y así puede y debe ser visto como símbolo general de toda persona que ha tenido que sufrir muchísimo.

Seguimos preguntando: ¿Podemos reconocerte hermano en tus quejas?, ¿son tuyos nuestros lamentos?
Tal vez sea necesario distinguir entre la imagen que de ti presenta el relato en prosa, dueño de gran hacienda, propiedades y casa, con camellos, bueyes, asnos y siervos (1,4); y, por otro lado, el Job del verso, beduino y habitante de las tiendas, entre otros beduinos: tienda de Job (31,31; 5,24), tienda del malvado (18,14-15), tienda que Dios rodea (29,4), cuerda de sus tiendas (4,21) y casas de arcilla clavadas (¿será las tiendas cubiertas de polvo?) (4,19).   La contraposición entre casa y tienda habrá que mirarla con atención[2]. Es posible que te encontremos, Job, más cercano a nuestras realidades de pobres y excluidos de América Latina.


¿Qué buscas con tu grito?

¿Que pretendes con tu verbo encendido? Dice Gallazi, refiriéndose a tu obra: Su origen literario puede ser encontrado en el ambiente sapiencial o judiciario o de lamentaciones”.  El lamento, la palabra sabia, la polémica, se suceden en tu verso.
Pero, más allá del género usado, ¿cuál es el objetivo final de tu escrito? Proclamas tu dolor inocente buscando respuestas y sentido. Este ha sido el trato de tu obra. Así lo recuerda Croatto –en la misma perspectiva de G. Gutiérrez- y avisa de la simpleza de tal lectura.
Una interpretación ya clásica centra la problemática del libro en la cuestión del sufrimiento y su sentido. Esta línea se ha hecho tan tradicional como la de los “consoladores” de Job: que su sufrimiento era consecuencia de su falta de justicia ante Dios. Sin embargo, ¿será literariamente verdadero que el problema del dolor es el tema principal del libro de Job?

Rechazas el discurso oficial sobre la retribución material-presente de los buenos, y lo haces apelando a lo real. Y elaboras una teología nueva desde el sufrimiento, irrumpes con un nuevo modo de hablar de Dios y su justicia. Croatto lo argumenta
la obra nos muestra por su estructura que el eje no es el tema del sufrimiento sino el de la justicia, tanto del hombre como de Dios… Job no puede entender cómo puede ser justo un Dios que se hace enemigo (13,24; 19,11), que manifiesta su fuerza contra el débil, que no escucha el gemido del que clama a él (27,8s; 30,20 “grito hacia ti y tu no me respondes”). ¿En qué queda el maravilloso Dios de la tradición sapiencial sustentada por los elocuentes consejeros de Job?
¿De qué sirve hablar de Dios si nada cambia en el mundo? El que sufre y es oprimido, antes que consuelo pide transformaciones; menos que menos, acusaciones. Job es el teólogo que supo descubrir, en su propio acontecimiento, el rostro salvador de Dios; la pastoral de sus amigos lo conducía a una sumisión sin sentido. La rebeldía teológica de Job le permitió trasponer las barreras de la sabiduría clásica, cósmica, y encontrar al Dios liberador de Israel….
El libro de Job es, pues, una crítica a la doctrina tradicional de la retribución, cultivada en los ambientes sapienciales de Israel. Pero más que eso, establece una crítica muy profunda a toda teología y a toda pastoral del orden, de la sumisión, de las ideologías de justicia.


El ser humano integrado en el cosmos

Ofreces una naturaleza en antigénesis, no para ser dominada sino en su desbordante plenitud, totalidad, abismo y misterio, poderío, belleza y majestad. Vaage y Tamez resaltan la integración de la vida humana en el maravilloso cosmos, sin quitar la razón de parte de Dios al inocente Job.
La respuesta de Dios convalida, por un lado, la inocencia de Job, no obstante a la vez lo llama a integrarse de forma más profunda en la vida de toda la creación…
…el gemido de la creación nos estaría llamando más allá del lamento y la disputa teológica, por más necesarios que sean, para entrar de modo concreto en la lucha diaria por la vida, al lado de “la leona y... sus cachorros, cuando están agazapados en sus guaridas y se ponen el acecho en los matorrales” (38, 39-40), junto con “el cuervo... cuando sus polluelos claman a Dios y vagan hambrientos” (38, 41), admirando y defendiendo la libertad del asno salvaje y suelto (39, 5) y el toro salvaje (39, 9), el coraje y la fuerza del caballo (39, 19) y su falta de temor (39, 22), la fecundidad abierta de las cabras monteses y las hembras del venado (39, 1), hasta los hábitos extraños y extremos del avestruz (39, 13), el halcón y el águila (39, 26-27). (Vaage, “Tormenta”)
La respuesta de Dios a Job insiste en que la vida, es decir, lo económico que funciona no se entienda meramente como algo referido al ser humano, menos aun cuando sea hombre-padre de familia rico y poderoso como fue el caso Job. (Vaage, “Economía”, 44)
Dios habla del cosmos, su creación, la creación de todos y todas, de sus ecosistemas. Ubica la historia humana dentro de ese maravilloso cosmos. En cierto sentido le da la razón a Job. No esquiva el desorden entre los humanos. Reconoce que hay malvados poderosos y hay quienes sufren injustamente. Pero no simplifica ninguna respuesta, ni le receta a Job lo que tiene que hacer. Lo introduce en la complejidad de la existencia humana y cósmica para que Job encuentre todas las alternativas posibles e insospechadas. (Tamez)

Sivatte, por su parte, resalta la gratuidad de Dios:
…la creación no debe entrar en las categorías racionales y utilitaristas del ser humano, ya que el motor de los planes de Dios es su amor libre y gratuito (esto, en el mundo de la creación y en el de la historia, en lo que es y en lo que pasa). Dios corrige de este modo a quienes quieren forzar a Dios, a quienes no quieren abandonarse confiadamente a Él, a quienes no quieren aceptar lo incomprensible de su libertad y de su gratuidad.


Ironía de Dios y llamado al orgullo (dignidad)

Pero sigue hablando Dios y desconcierta. Junto con la mención de la naturaleza y los animales, se presenta como un Dios poderoso que te deja sin palabras; te deja sin respuesta. Es un Dios que ata y desata, que domina y controla. Sigue presentándose como el mismo Dios al que se refieren tus amigos.
Parece jugar a la ironía repitiendo el discurso de tus tres amigos y el joven Elihú. Es el Dios de la tradición. Las nuevas generaciones no hacen sino repetir el discurso, y el mismo Dios se alía con ellos. Dios controla todo y rompe el orgullo de las olas del mar (38,11); ata y desata: estrellas, asnos y bueyes (38,11; 39,5.10).
Son sorprendentes los paralelismos entre los argumentos de Yavé en 38,4-38 referidos a la naturaleza, y los mismos argumentos en boca de Bildad (25,3-5 y 26,5-14), en boca de Elihú (37,2-18) y hasta en tu misma boca (9,1-21), aunque tu los rebates en esa oportunidad (9,22ss).
Si bien es cierto que del 38,39-39,30 son escasos los paralelismos anteriores, puede verse la referencia que Elihú hace a las fieras en 38,8. Así como las menciones que Job hace de los animales en 10, 16 y 12,7-8.
En conclusión: Dios controla tu orgullo, atando y desatando al enemigo Satanás, amarrando y liberando el dolor. ¿Será este el mensaje final de tu libro? ¿Será Dios “un soberano despótico que sólo hace lo que le place” y legitima el sistema?
Dios hace lo que quiere, por el gusto de hacer lo que quiere, para mostrar que él está encima de todo y de todos (ver 12,10.14.23).
…el incomprensible poder de Dios sólo se manifiesta en el sufrimiento injustificado de los pobres y de las pobres, que no encuentran salida para su situación de humillación y de opresión (Gallazi, 40).
El Šadday es un Dios a medida de la gente, es el Dios de la teología: sólo puede ser pensado a partir de la experiencia humana. Él es, en cierta forma, un Dios a nuestra imagen y semejanza, un Dios a nuestro servicio, que tiene los mismos sentimientos que nosotros y que “funciona” según nuestros esquemas; nuestros o de nuestra sociedad, de nuestro sistema. Šadday hace parte del sistema, sustenta y legitima el sistema (Gallazi, 44).

Los capítulos 40-41 apuntan la novedad mayor en el discurso de Dios. El breve diálogo de Dios contigo tiene un importante papel retórico. Elsa Tamez asoma algunos elementos de esta novedad:
Dios se manifiesta a su estilo, recoloca las preguntas y amplía las visiones. El no acusa a Job, como Satán, los amigos y Elihú. La aparición del grito de Dios, puede llevar a Job a levantarse del basurero, a afirmar su dignidad de humano y reconocer su finitud.
El diálogo entre Job y Dios es misteriosamente fructífero. Los silencios previos de Dios frente al dolor del inocente hacen posible combatir, con la sabiduría de la experiencia, aquella teología que culpabiliza a los inocentes.

También Gallazi distingue entre los dos discursos finales de Dios, aportando distinciones:
En su primer discurso (38 y 39), Yahweh se presentó como el todopoderoso, supremo, creador.
En su segundo discurso (40 y 41), Yahweh recuerda a Job la segunda característica de su poder: ser el redentor y liberador de los oprimidos (Gallazi, 47).

Partiendo de esta distinción, planteo a continuación otra mirada complementaria. Veamos en detalle: Dios te interpela (40,2). Parece el Dios que todo lo domina y que habla en los capítulos 38-39. Pero no es el mismo, ya que en este caso no impone silencio sino que busca tu palabra.
No te queda más recurso que callar ante él, pues se ha manifestado como poderoso en el discurso anterior. No vas a contestar ya más a Šadday, ni acusar a Eloah. Vas a callar frente a Yahweh (40,2-5). La impotencia se adueña de ti. ¿Qué se puede decir ante este Dios, que no hayas dicho a tus amigos? Dios no ha hecho sino reproducir el discurso de ellos, y está ya cansado de replicarles sin obtener el mínimo asomo de solidaridad.  Luces desconsolado, abatido, sólo. “Me taparé la boca con mi mano” -la boca se te revela. Hay más que quisieras decir, pero es inútil. Ante ese Dios, será mejor callar.
Resultas cercano, Job que callas. Cansados estamos de luchar, de gritar, de acudir a instituciones. Las mismas palabras, las mismas respuestas, la misma impotencia de Job. La confianza la palabra está ya quebrada. Es el momento del hundimiento, del desespero, de la casi depresión.
Se roban los recursos para el barrio. Ya están ejecutados los proyectos de vialidad varias veces y siguen presupuestándose y robándose. Al que acusa le devuelven acusaciones. Algunos políticos siguen con sus prácticas corruptas pero han aprendido a ocultarse tras las máscaras de la revolución. Así pasa en Los Teques, ciudad donde vivo. ¿Qué más queda sino callar?
Cansados estamos como cristianos pobres de que los proyectos de iglesias de base estén amenazados, sean arrinconados, olvidados como cosa del pasado reciente latinoamericano; en todo caso, ya pasado.

Pero Dios sigue provocando la palabra liberadora. Tú me instruías, te dice Dios (40,7; ver 38,3). Dios no quiere tu silencio, Job. Dios te concede la razón pues has hablado con verdad (42,7-8). Dios te ha dicho: cíñete de majestad y grandeza (40,10), ciñe tus lomos como un bravo (40,7; ver 38,3).

Gallazi ha visto esto con claridad:
La única vez, en todos sus discursos, que Job usó el nombre de Yahweh fue para afirmar, entre otras cosas, que él “desata el cinto de los fuertes” (12,21).
Ahora, por el contrario, la primera cosa que Yahweh cobra de Job, es que él “se amarre el cinto como un fuerte”, que él se prepare como un guerrero, listo para el combate.
Yahweh quiere ver a Job en toda su dignidad y fortaleza: geber “hombre fuerte”, sujeto activo, héroe guerrero y no víctima derrotada. (Gallazzi, 45)
Yahweh oye el grito, Yahweh desciende, toma partido, Yahweh envía, te transforma en guerrero y guerrera, en héroe y heroína.
La omnipotencia creadora de Yahweh no sirve para machacar y para humillar a la criatura, antes bien, para garantizar a todos nosotros que quien está a nuestro lado es quién todo puede, quién todo sabe, quién todo vence.
La muerte, el mar, las tinieblas, el desierto, están bajo el control de Yahweh: tiene puertas, límites, cercas. No nos van a meter más miedo, inclusive cuando nos hacen gritar en el dolor y en el sufrimiento.
A través de los ojos de Yahweh, Job es elevado a contemplar la rebeldía, la indomabilidad, la insumisión, la independencia de la vida generada por la fuerza de Yahweh.
No la esclavitud, no la sumisión, no el miedo. La rebeldía indomable es la característica del espíritu de Dios en sus criaturas.
Yahweh de la tempestad, por lo demás, no se contenta con la actitud humilde de Job. Él insiste de nuevo: “amarra tu cinto como uno fuerte” (40,7). (Gallazzi, 46)

Dios no quiere que canceles tu juicio (40,8), y te propone dos referencias: Behemot y Leviatán.
Si anteriormente se resalta el control de Dios sobre naturaleza y animales, ahora se muestra a Behemot y Leviatán, en contraste con los animales anteriores, como bestias míticas, firmes e indomables, no amarrables (40,29), no prendibles por ojos o nariz (40,24), ni anzuelos (40,25). Bestias con fuerza (41,4), de un cuerpo con coraza (41,6), con dientes, músculos, huesos y corazón duros (40,16; 41,6.16.18).
Behemot es presentado, a semejanza tuya, “criatura” de Dios (40,15). Y se describe a  continuación su firmeza e indomeñabilidad. Leviatán arroja fuego y humo (41,11-13), y aparece como “rey de todos los hijos del orgullo” (41,26).
Llaman la atención las notas la Biblia de Jerusalén (40,15.25) resaltando el poder de Dios sobre estos monstruos. Incluso para Sivatte,
 …ellos …son símbolos de las fuerzas del caos y del desorden, que por creación están bajo el dominio de Dios, cuya decisión y voluntad es que el ser humano tome como tarea el llegarlos a dominar. Es verdad que en el mundo hay caos, hay desorden y hay mal; pero también es verdad que Dios está llamando al mundo a que no sea caótico, desordenado o malo. Es el hombre quien tiene que ir realizando esto.

Pero lo cierto es que en el texto se pone de relieve otra dimensión: su orgullo e indominabilidad. Nada se dice del dominio de Dios sobre estos animales. De lo que se trata es de  su firmeza e indomesticabilidad.
Dios te invita a mirar el panorama mítico, a dar otra lectura a la realidad. Los mitos hablan más allá de lo conocido racionalmente por el discurso de los teólogos y escribas. Los mitos hablan de un poder más allá del mal, hablan de la firmeza y fortaleza ante los peligros.
Así Dios te invita a ser como esos animales míticos (“Mira a Behemot, criatura mía, como tú”: 40,15). Dios te invita a mantener tu “orgullo”, a no dejarte doblegar ni por el mismo Dios que se te instale en tu conciencia (el Dios de los capítulos 38-39)[3].
No hay ninguna duda que podemos leer las provocaciones de Yahweh como una ironía sarcástica y humillante, que busca poner a Job en su debido lugar.
¡No tendría sentido! Ahí, sí, Dios sería igualmente el déspota absolutista que requiere de esclavos humillados y obedientes.
Prefiero leer las provocaciones de Yahweh como un estímulo para que Job asuma un protagonismo adulto y responsable, que no puede ser derrotado, ni por el dolor ni por la muerte. (Gallazzi, 47)

El mito no es entonces pura fantasía, sino que cumple un importante papel, al estilo de la apocalíptica posterior. Los capítulos 40-41 son altamente des-ideologizadores. Desbaratan el discurso de la tradición (los tres amigos), el discurso de la modernidad (el joven Eliu) y hasta el discurso mimético del mismo Dios (¿post-modernidad?).
¡Qué buen Job para nuestras luchas! Para no desfallecer jamás, para no doblegarnos ante ningún poder, ni aun ante los poderes religiosos.
¡Qué buen Job para hablar de un modo nuevo, para nuevos lenguajes de resistencias y utopías!
¡Qué buen Job para soñar otros mundos y otras iglesias posibles!


El final de Job

El final es una excusa. La narración -el arco narrativo en que se sitúa el poema- es un escondrijo tuyo, Job, para poder decir cuando dices.
Croatto ha puesto de relieve otros elementos del final que es importante escucharlos:
Pero ¿puede tener algún interés determinar el orden de composición del libro de Job? Diría que sí, por cuanto esa información puede destacar el código de lectura que hay que aplicar al libro. Me explico: si el código sapiencial de 3-41 (que conserva su propia autonomía, como veremos) ha sido subsumido en otro código, el de un relato popular, buscaré en este último alguna clave que manifieste el sentido de toda la obra. Lo que discurra en la sección poética será importante, contendrá la definición de la problemática, pero el autor que transformó esta disputa de sabios en un cuento popular, tuvo que haber atrasado hasta el epílogo en prosa el desenlace de todo el problema.
A mi modo de ver, no es tan importante el orden de composición original y la cronología de las fuentes previas utilizadas, sino la genialidad de unir los dos relatos (sapiencial y de narrativa popular), con intención de ocultamiento y resistencia ante la teología oficial del templo.
Sin embargo, razón tiene Croatto cuando afirma que alguna clave debe haber en el relato en prosa para acceder al poema, pues fue intencional su unificación. La clave está en 42, 7-8, donde pervive el discurso anti-retribución y en el que se muestra el verdadero desenlace: “Job hará oraciones por ustedes, y yo aceptaré su intercesión… pues no han hablado de mí rectamente, como sí lo ha hecho mi siervo Job”. Lo que sigue (del 42,9 en adelante) ya hace parte del relato popular previo –sigo creyendo que previo, a pesar de Croatto; retributivo y que poco aporta a nuestra perspectiva-. Muchas dudas quedan, no obstante, por resolver.


Sospecha de relectura sacerdotal

Así como queda la sospecha de relectura sacerdotal sobre 42,2-6. Tu arrepentimiento no encaja con la razón que Dios te concede (42,7-8). Los vv. 7-8 se leen mejor después de 41,6 -inmediatamente después de que Yavé te habla-  y no tras tu “arrepentimiento”. ¿O habrá que pensar con Vaage que este arrepentimiento será “…precisamente por haber escuchado en la respuesta de Dios un llamado a solidarizarse con la vida en todas sus formas?”. No es del todo convincente. Parece más bien que se trate de un texto de “control sacerdotal” en el que se exige a Job arrepentirse.
Por otro lado llama la atención la repetición del “tú me instruirás” (42,4), pero ahora en boca de Dios, y no tuya (ver 40,7; 38,3). Es contradictorio con cuanto venimos conversando. Mientras que Dios te concede palabra y verdad, para estos versos finales ya aquí no tienes nada que decir, sino que son los escribas los mediadores de la instrucción de Dios. Y los que imponen su voz en el Consejo.
“Era yo el que empañaba el Consejo”[4] supone un cambio de contexto, más de debate oficial entre escribas, y no desde el “estercolero” en que te encuentras.

En fin, siguen las preguntas sobre esta obra tan plena de senti-
dos. Sigue la vida convocando liberaciones.

Leviatán
rey de los hijos del orgullo
así mi corazón
tan duro como su coraza
así mi carne
como sus fauces
fuego y pasión indomable

Leviatanes
luchadores incansable
acosados pero no abatidos
atormentados pero no rendidos

Leviatán
hijo del pueblo
y también del sufrimiento
no pueden contigo
maquinadores de discursos
proveedores de bienes y servicios
organizadores del futuro

Leviatán
hijo de hombre
tan sólo
tan pueblo
tan suficiente

LECTURAS RECOMENDADAS

CROATTO J. Severino. “El libro de Job como clave hermenéutica de la teología”, en REVISTA BÍBLICA, Argentina, Año 43 – 1981 Págs. 33-45
DE SIVATTE Rafael, “La sabiduría de Israel ¿conformismo o liberación?”
GALLAZZI Sandro. “El grito de Job y de su mujer” en RIBLA, Quito, vol. 52, 2005 (Escritos)
GUTIÉRREZ, G. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente, Sígueme, Salamanca 1986
PIXLEY, Jorge, “El libro de Job”, San José, SEBILA, 1982 (en Comentario Bíblico Latinoamericano)
TAMEZ, Elsa, “De silencios y gritos: Job y Qohélet en los noventa”, en Pasos, San José, Departamento Ecuménico de Investigaciones/DEI, vol.82, 1999, p.1-6
VAAGE Leif E. “Desde la tormenta: el gemido de la creación y la respuesta de Dios a Job  (Jb. 38, 1-42, 6)” en RIBLA, Quito, vol. 21, 1995
VAAGE Leif E. “Economía divina: tres modelos en el libro de Job” en RIBLA, Quito, vol. 51, 2005





[1] Obviamente, el recurso a Job para entablar un diálogo con él es estrictamente literario. Nada sabemos, en detalle personal, de un Job histórico, y menos aún de que ese tal fuera escritor.
[2] Será interesante constante la frecuente referencia a las tiendas en Génesis, Salmos y Jeremías, entre otros. Ver Gn 4,10; 9,21.27; 12,8; 13,3-18; 18,1-10; 24,67; 25,27; 26,17.25; 31,25-34; 33,19; 35,21; Sal 78, 28.51.55.60.67; 83,6; 91,10; 104,2; 106, 25; 120,5; Jr 4,20; 6,3; 10,20; 14,8; 30,18; 35,7.10; 37,10; 49,29.  Por otro lado el término casa en Job aparece 5 veces en el relato en prosa (1,4.13.18.19 y 42,11) y sólo 8 en el resto del libro (con sentidos bien variados, por cierto: 7,10; 17,13; 19,15; 20, 28; 21,28; 27,18; 30,23; y 39,6).
[3] La dignidad, majestad o exaltación son aplicadas a Job, Leviatán y Dios. El mismo término hebreo dignidad-orgullo se refiere a Dios en 13,11 y a Leviatán en 41,26; el término exaltación-gloria se refiere a Job en 40,10 y a Dios en 37,4.
[4] Consejo es un órgano de consulta política.  El mismo término hebreo se repite en Job 12,13; 21,16; 22,18; 29,21; 38,2 y 42,3. Con frecuencia tiene un matiz negativo: son los malos los que hacen tal Consejo (21,16; 22,18), contra Dios.
Es importante observar que el libro que sigue a Job es Salmos. Job termina con el Consejo, y Salmos abre con el mismo término hebreo Consejo: se trata también del Consejo de los impíos (Sal 1,1). Pronto se contrapone al Consejo del pobre (Salmo 14,6), y en 31,11 se hace referencia al Consejo de Yahvé, por oposición al Consejo de las naciones (31,11). Otras referencias en Sal 73,24; 106,13 y 43; 107,11.
También en el profeta Jeremías, referencia obligada de Job en su experiencia profética de sufrimiento y abandono, aparece el término Consejo para referirse a los impíos que hacen planes contra Dios y su profeta (Jr 18,23; 19, 7; otro sentido en 29,47).

sábado, 24 de octubre de 2015

El cuerpo: casa de solidaridad (Lucas 11,33 -12,34)



El tercer cuadro de la primera sección del viaje de Jesús a Jerusalén en el Evangelio de Lucas (Lc 11, 33-12,34) llama la atención por el tema de la corporalidad. Más de 25 veces está en juego el cuerpo o los órganos que se le asocian. La sección concentra de modo sorprendente una gran cantidad de términos que lo hacen palpable: cuerpo (soma), ojo (oftalmos), dedo (dactilos), sangre (aimatos), boca (stomatos), oído (ous), cabellos (trijes), cabeza (kefas), vida (zoe), alma (psique) y corazón (kardios). Además de los más genéricos interior (esothen) y hombre (antropos). Lo aún más curioso es que todos -excepto boca- provienen de la fuente Q (presentes de modo destacado en la sección III de juicio y el bloque D de instrucción[1]).
Este cuadro podría estructurarse así:
1.      Introducción-Anuncio: el ojo simple y el ojo malvado (11,33-36: Q)
2.      Fariseos y escribas cuestionados (11,37-54: L-Q-L)
3.      Primera llamada a los discípulos (12,1-12: L-Q)
4.      Ricos cuestionados (12,13-21: L)
5.      Segunda llamada a los discípulos (12,22-34: Q)
La contraposición de los discípulos a los fariseos, escribas y ricos resulta evidente. La invitación que Jesús hace a sus seguidores es a no actuar con el ojo malvado, sino con ojo simple; a no poner la vida-corazón en los bienes, sino en Dios y su justicia.

Introducción-Anuncio: el ojo simple y el ojo malvado (11,33-36)
Se refiere aquí “la importancia de tener el espíritu sano y luminoso, para que todo el cuerpo esté luminoso. Cuando Jesús expulsa un demonio, sana el espíritu de la persona y toda su vida llega a ser luminosa. Los enemigos de Jesús tienen un espíritu turbio, por eso no entienden la obra de Jesús”.[2] De este modo se conecta lo anterior –sobre el conflicto con Satanás- con lo que sigue. Estos versículos hacen de gancho entre los dos cuadros.
En la expresión “el ojo es la lámpara del cuerpo” (34), el cuerpo se refiere a “la persona; es ésta, no el cuerpo, la que goza de la luz o está sumida en la oscuridad”[3]. El ojo es el resplandor de la persona. Es así que ojo simple es la persona solidaria y ojo malvado es la persona avara, ruin, mezquina.

El ojo puede indicar inclinación, deseo, ambición, avidez y, más en general, la disposición de la persona respecto a algo considerado apetecible, en particular a los bienes materiales… Literalmente se habla en él (en este pasaje) de un ojo simple (no de un ojo sano, como suele traducirse) y de un ojo malvado (no de un ojo enfermo). Ahora bien en el AT ojo malvado significa tacañería,

o envidia  (Dt 15,9; 28, 45.54.56; Prov 23,26; 28,22; Tob 4,7.17)[4].

La simplicidad o sencillez atribuida al ojo (ojo simple) equivale a la generosidad o desprendimiento, según el significado común de la palabra simplicidad en la lengua helenística y en la del NT. Resulta así que la perícopa… trata el tema del dinero. Habla de la generosidad, que se traduce en el compartir, como lo que da el valor a la persona, y de la tacañería o apego al dinero como de lo que hace a la persona miserable. La primera ha de ser la característica del discípulo.[5]

H. Elliot propone una interpretación del “ojo malvado” a la luz de la creencia popular tan extendida del “mal de ojo”, que incluye la noción de que ciertos individuos tiene el poder para dañar a otras personas sólo con su mirada. Pero su interpretación no se aleja tanto de la lectura que se viene haciendo, puesto que la emoción que asocia a este “mal de ojo” es la de la envidia[6].
La contraposición de ojo simple-solidario y ojo malvado-avaro apunta la clave para seguir leyendo. Fariseos, escribas y ricos son ojos-malvados, mientras que a los discípulos se les invita a ser ojo-simple. De ese modo, desde la generosidad y el compartir, su cuerpo será luminoso.

Fariseos y escribas cuestionados: la sangre de los profetas (11,37-54)
Generosidad que llena el interior y justicia profética que se proclama con la boca a riesgo de la sangre derramada son los temas de lo que sigue, un texto Q con encuadre lucano.
Jesús confronta a fariseos (39-44) y escribas (45-52). Estos textos de confrontación provienen de Q, texto escrito por las comunidades galileas que han vivido en fuerte tensión con los escribas representantes de Jerusalén. Lucas ha enmarcado estos textos, contextualizándolos en una comida con un fariseo (37-38) y elaborando una conclusión con el acoso a Jesús (53-54).[7]
Sobre los fariseos, “Jesús no teme frecuentarlos, pero considera nula su autoridad…Jesús condena su función social, es su poder lo que quiere romper…”, ha dicho Duquoc.[8]
Es clave para entender sus distancias la

clara discrepancia de Jesús en cuanto al valor y significación atribuibles a las tradiciones… Para Jesús la observancia material no basta… El verdadero conocimiento de la ley… consiste en una práctica concreta de amor y justicia… De nada sirve hacer proliferar al infinito los mandamientos de la ley si se ignora su verdadero eje… Los fariseos extreman precauciones par ano transgredir la ley. Pagan incluso el diezmo de las hierbas silvestres que brotan en el jardín, pero descuidan el corazón de la ley: la justicia y el amor de Dios… Lo que en la perspectiva abierta por Jesús descalifica a los fariseos es su falta de gratuidad… que significa para Jesús la pérdida del sentido de Dios.[9]

Desde la valoración de la corporalidad resalta la mención del interior (esothen: 39-40) en dos ocasiones. El interior no hace referencia a una espiritualidad ajena a la vida. Al contrario, se relaciona con la rapiña y con la limosna. Hay dos modos de llenar el interior: con bienes robados a los pobres por la rapiña o con frutos de desprendimiento y solidaridad.
Jesús
afirma claramente que la solidaridad humana o justicia y el amor de Dios (42) son la esencia de la ley y que, si se conculcan estos mandamientos, cualquier otra observancia de los preceptos de la ley es hipocresía; así se es una tumba sin señal (cae en la impureza cuando se pisa una tumba), es decir, los fariseos hacen impuros a los demás… Jesús aparece implícitamente como el verdadero maestro de la ley frente a los fariseos, que no la cumplen en su sentido más profundo: el amor a Dios y al prójimo.[10]

Sobre los escribas pesa la crítica más fuerte, pues

monopolizan la ciencia, y al mismo tiempo la han hecho incomprensible… Jesús opone su lectura a la lectura de los que por entonces se consideraban expertos en la Escritura… Para  Jesús… vale una regla de interpretación…: para entender las escrituras es preciso respetar y amar, tal como es, a la masa ignorante de los pobres…[11]

Los escribas “abruman a la gente con cargas insoportables (46) pero ellos no las rozan con el dedo. El fondo de esta crítica va contra el divorcio entre teoría y práctica y contra la falta de amor a los demás”.[12]
La mención del dedo hace aquí referencia al sentido de la mano, como “figura de la actividad”. La mano de Dios significaba salvación y liberación. La mano de Jesús representa su actividad beneficiosa. Mano que toca, o se aplica para curar; y que se impone para bendecir.[13]  Por el contrario, los fariseos no mueven ni siquiera un dedo, un parte mínima de la mano, para beneficiar a los demás. Para resaltar su in-actividad se utilizar el verbo rozar. Y lejos de salvar o liberar, lo que hacen es sobrecargar al pueblo.
Herodes el Grande ordenó la construcción de mausoleos en conmemoración de los patriarcas y profetas. A esto aluden las frases de los vv. 47-51 contra los escribas,

la acusación es grave porque supone una solidaridad en cuanto a la sangre derramada… se rinde homenaje a los profetas cuando están muertos… cuando no pueden molestar más. Pero en vida se les persigue y se les mata. Ellos tratan la palabra profética arqueológicamente, no admitiendo su incidencia actual… renuncian a ponerse a la escucha de la palabra de Dios… como desenmascaramiento del mal presente…[14]

La memoria (mnemeia=lugares del recuerdo: 47) que se hace a los profetas es una memoria de muerte, contrapuesta a la memoria de vida y liberación que caracteriza la memoria del éxodo, o la memoria de los padres que se proclama en el Magnificat y el Benedictus (1,54.72).

Vuelve a aparecer la corporalidad en lo más álgido de la crítica. La sangre es nombrada tres veces: sangre de profetas, sangre de Abel, sangre de Zacarías. La perspectiva sobre el profetismo se amplía, al considerar a Abel el primer profeta. La profecía existe desde la creación del mundo (50). Y se amplia al considerar a Zacarías como profeta vinculado al templo (muere entre el altar y el santuario). Es profeta aquél cuya sangre derraman para acallar su palabra. Pero esta sangre “será demandada a esta generación”, en expresión típica de Q, con la que se representa el juicio de Dios.
Aquí se ve reflejada

la cristología de la comunidad Q, que no habla de la muerte de Jesús, (pero que) la sitúa, cuando alude a ella, en la tradición de los profetas de Israel, que son asesinados… Los discípulos, ya antes del  Pascua, consideraron a Jesús  como un gran profeta… que invita a observar la ley de Dios.[15]

Aunque propio de Lucas, termina esta parte haciendo mención (2 veces, en el v. 54) de la boca (stomatos) de Jesús. Fariseos y escribas están al acecho de las palabras que salen de su boca. El aporte lucano no se aparte de Q: la palabra de Jesús es palabra de maestro que clama por la ley interior; y es palabra profética, acechada y perseguida.

Primera llamada a los discípulos: la vida es más que el cuerpo (12,1-12)
Esta parte se abre con la mención de las multitudes (oklos: 1), término típico lucano que hace inclusión, al comenzar con él la parte siguiente (12, 13). Las palabras de este cuadro quedan enmarcadas así como un discurso a los discípulos, seguidores de Jesús entre el pueblo, entre multitudes.
En lo que sigue, Lc utiliza el material Q de que dispone y lo ajusta a sus necesidades. La escucha y anuncio de la Palabra es un tema predilecto del Evangelio de Lucas, que lo relaciona con la puesta en práctica de la misma. Aquí hacen de marco la escucha y la proclamación de la Palabra que abren el texto (v.3), con la enseñanza y la palabra dicha en contra o sugerida por el Espíritu que lo cierran (vv. 8-9)

El oído (v. 3) se relaciona con la escucha en privado, en lo secreto. Pero esto que se escucha en privado será proclamado abiertamente.
En relación con el cuerpo (v. 4), “predomina el sentido físico”; “matar el cuerpo en el sentido de suprimir la vida física de la persona”[16]. Pero, a la vez, se afirma que la vida es más que el cuerpo. Quienes matan el cuerpo no pueden hacer más nada. La vida es cosa de Dios. El tema del cuerpo se sitúa también aquí en contexto de anuncio de la Palabra y las consecuencias que genera. Los cabellos de la cabeza (v. 7) son el signo de cuidado de Dios sobre sus criaturas. El valor de la persona es tal que hasta los cabellos los cuenta Dios. Dios es el cuidador de la vida.

La mención del Hijo del hombre en esta sección aparece en este contexto de la palabra proclamada y la vida amenazada. Para Schillebeckxs, bajo una óptica escatologista, en las comunidades Q

la expresión “Hijo del hombre” (8-9) se emplea para indicar la función del hijo del hombre como juez futuro… Determinadas comunidades del cristianismo primitivo… encuentran la salvación en Jesús como juez universal que debía venir pronto para perdonar y condenar… Hay una identidad entre el pronombre “me” (12,9) y el “hijo del hombre” (12,8)… Pero la identificación se refiere al Jesús celestial con el hijo del hombre.[17]

Sin embargo, algunos investigadores actuales no expresan con tanta seguridad esta perspectiva escatológica futura de Jesús y de las comunidades rurales galileas. Es también probable que en el texto Lc 12,8-10 las comunidades identificasen al Hijo del Hombre con el propio Jesús histórico en clave de escatología realizada. Lo que se realizó en el Jesús histórico, de anuncio y de persecución, hoy se cumple en las comunidades.
El texto parece además moverse en las aguas de esta ambigüedad entre el Jesús terreno y el celestial al referirse al Hijo del Hombre, pues las acciones humanas de confesar, negar o pronunciar una palabra en contra de este Hijo del Hombre remiten a la toma de postura frente a las acciones y el significado del Jesús histórico para la fe; mientras que la confesión del Hijo del Hombre ante los ángeles remiten a la escatología futura.

Cuestionamiento de los ricos: la vida es más que los bienes (12,13-21)
Este cuadro, con la mención de la vida y el fuerte cuestionamiento de los ricos, se muestra como típicamente lucana.
Vida es el término corporal que resalta en esta parte. Vida en sus dos vertientes: psique y zoe.
En los evangelios, psykhe es la vida misma… El gr. psykhe es un concreto que denota al individuo humano en cuanto vivo y consciente; de ahí que a menudo equivalga en el uso al pronombre reflexivo… El NT no enseña la inmortalidad del alma. Esta no es la parte real y valiosa del hombre ni su elemento eterno y permanente.[18]

En este texto psique aparece tres veces en los vv. 20-21. El término zoe-vida también aparece aquí mencionado, y aunque una sola vez (v. 15),  su sentido es más teológico: se refiere a la vida para Dios.
El rico insensato (vv.16-20, ver Ev Tom 63) pensaba darse buena vida (psique) después de una cosecha abundante y Dios puso por la noche un fin repentino.
Un diálogo introductorio (situado aquí por el redactor lucano, pero trasmitido también  independientemente en Ev Tom 72) da alguna pista de interpretación: los bienes no tienen importancia para la adquisición de la vida (zoe: v. 15).
La historia del rico insensato trata de “un gran terrateniente” (v. 16) que recoge el grano en “graneros o almacenes” (v. 18) después de trillada la mies. Así cree no tendrá que temer durante muchos años las malas cosechas (v. 19). Pero de pronto descubre que la vida (psique) es como “un préstamo que Dios da y cuya devolución manda anunciar para la noche siguiente”. Se trata de una parábola escatológica. El juicio es inminente[19].
El Reino, con la misma inevitabilidad que posee la muerte, termina con la “recompensa” sobre la cual se basaban los cálculos de felicidad para el resto de la vida. Se vive de espaldas al Reino porque todo está preparado para que su improbable venida no cambie nada… la felicidad de los pobres supone resarcirlos de la inhumanidad sufrida…sacar, en beneficio de los pobres, los bienes del único lugar donde los hay en abundancia. Esto es, de los ricos.[20]
El término insensato (a-fron: v. 20) relaciona este texto con el de los fariseos (11,40). Ricos y fariseos son igualmente insensatos, cuando acaparan para sí y no se preocupan de la justicia.

La verdadera vida es la que pertenece a Dios, la vida junto a Dios y por el Reino; y ésta no se asegura acumulando bienes; ni disolviendo la fraternidad en peleas por herencias. Todo lo contrario, la vida se “asegura” en la solidaridad y los bienes compartidos.

Segunda llamada a los discípulos: el corazón para Dios (12,22-34)
Cierran estos cuadros con un texto propio de Q. Alma-vida (psique) y corazón (kardios) son los términos corporales que se presentan. El alma del que banquetea en forma acaparadora, insolidaria, será reclamada por Dios. Se nos ha dicho ya que la vida no se asegura con bienes; ahora se completa: ni tampoco con alimentos o vestidos. La vida vale más que el alimento.
Hay distintas lecturas del pasaje. Para Jeremias, los discípulos, “con su Padre están totalmente seguros”, es lo que “ha inculcado Jesús en las imágenes incomparables de los pájaros bajo el cielo y de las flores en el campo (12,24.27s)”. Jesús prohíbe la merimnân, que puede referirse a la preocupación, o al esfuerzo excesivo. El cambio por zoteîn (buscar) en 29-31, muestra que “sólo viene en consideración la segunda significación”, no la de preocupación, sino la de esfuerzo. “Jesús prohíbe, por consiguiente, a los discípulos, esforzarse demasiado por el alimento y el vestido”.[21]
Echegaray lo interpreta en una clave más exigente, desde el discernimiento y la renuncia en función de la misión. “El sentido… es no supeditar la misión sino al mínimo requerido para cumplirla con eficacia. Ello indica en cada caso el discernimiento de lo que se debe hacer, pero siempre la renuncia a buscar en primer lugar la seguridad propia o a exigir un trato privilegiado”.[22]
Horsley quiere ver detrás del texto el modo de organización solidaria de las primeras comunidades galileas: “A quienes están preocupados por no tener qué comer ni qué vestir, Jesús les asegura la subsistencia (¿bienes compartidos?) si sólo se preocupan por el Reino” (22-31)[23]

La relación con la solidaridad se establece al final del pasaje. El corazón es para Dios,  para el cielo, en la medida de la solidaridad. Vendan sus bienes y den limosnas (33). Corazón significa “la totalidad de la persona vista en su realidad interior, la personalidad como un todo, el carácter, la disposición y actividad interna consciente y deliberada del yo humano;…denota la integridad del hombre en cuanto estable o continuada; por eso se atribuyen al corazón, en sus aspecto de “mente”, las convicciones o la ideología; en su aspecto de “voluntad”, las actitudes o disposiciones; en sus aspecto de sentimiento, los amores y los odios.” [24] Corazón para el cielo significa, por tanto, actitud estable de referencia a Dios, solidaridad y generosidad como actitudes orientadoras de la vida.


El cuerpo: casa de solidaridad
Cuerpo luminoso o a oscuras; matado o vestido; el cuerpo no debe preocuparnos; no debemos preocuparnos en cómo vestirlo ni siquiera de si es muerto, asesinado. Pero no se minusvalora, porque vale más que el vestido. Debemos preocuparnos sobre todo de si no es luminoso. De si la vida está orientada hacia Dios, en actitud de entrega solidaria a los hermanos.

Hay quienes sólo piensan en acaparar bienes, invitan a su alma al descanso y disfrute egoísta, tienen su ojo malvado, son codiciosos, atesoran riquezas para sí y no para Dios. La invitación es a poner el tesoro en el cielo, en Dios; a poner allí el corazón, en el desprendimiento generoso, ojo simple, y la solidaridad. La invitación es a la confianza en Dios que cuida de los más pequeños: lirios, hierbas, cabellos, pequeño rebaño. Confianza y “llamamiento que hace el plan de Dios al pequeño grupo de Jesús en vistas a una colaboración para “buscar” la realización del Reino”[25].

Unida a la mención de los bienes-tesoros, limosnas, y edificación de graneros-sepulcros, se refuerza en la sección la consideración de la corporalidad como casa de la solidaridad. ¿Qué es lo que edificamos los discípulos? ¿Graneros para asegurar el futuro? ¿Memoriales del pasado?
El cuerpo del discípulo no es para la autoedificación excluyente, para el acaparamiento de bienes o la autocontemplación, sino para la solidaridad y la vida. Ojo simple y corazón para el cielo señalan la orientación fundamental del discípulo. La parábola del rico y el granero señala el prototipo del anti-discípulo: el que sólo piensa para sí. La contemplación de los pequeños, naturaleza mínima (lirios, hierbas) y pueblo pobre (oklos), señalan la ruta del discípulo, que atesora para Dios en desprendimiento y solidaridad.

Estos textos, leídos en ambientes helenistas urbanos, previenen de la tentación acomodaticia a los discípulos de posiciones privilegiadas en la nueva situación de casa-empresa greco-romana y exigen la radical solidaridad. A los cristianos esclavos y de estratos inferiores les invitan a ser solidarios entre sí y a la confianza en Dios.

            Hacer bolsas indestructibles
Es curioso observar los roles de género establecidos en esta sección. Los varones ocupan los primeros puestos en las sinagogas, saludan en las plazas, tienen la llave de la ciencia, construyen almacenes… Otras acciones podrían vincularse, en ese contexto patriarcal, con  mujeres in-nombradas: hacer la comida, vestirse, hilar y tejer…
Lo sorpresivo es que, en la conclusión del cuadro, a los discípulos se les asigna un rol femenino: hacer bolsas indestructibles. Un nuevo tejido de vida. No ya la construcción de almacenes, para acaparar egoístamente, sino bolsas para guardar lo más preciado, simbolizado en el corazón. En la comunidad de seguidores de Jesús, los roles quedan desbaratados. El rol común es la creación de la vida plena para todos.





[1] Estructura propuesta en RIBLA 22 (1996) 157-159 por Pixley y Vaage.
[2] RICHARD, P. “El Evangelio de Lucas”, 18
[3] MATEOS, J. y CAMACHO, F. Evangelios, figuras y símbolos, El Almendro, Córdoba 1992, 132
[4] Ibídem 32. Diferente interpretación en JEREMIAS, J. Las parábolas de Jesús, 199-200, quien se remite al arameo (de acuerdo a la hipótesis, hoy poco aceptada, de tal sustrato previo) y al Ev Tom 24,  interpreta el pasaje “no como una advertencia contra la codicia, sino contra la ceguera interior”.
[5] MATEOS-CAMACHO, Evangelios, 32-33
[6] Citado por GOWLER, D. “What are they saying about the parables?” (2000) [Documento en línea]
[7] RICHARD, P. “El Evangelio de Lucas”, 18
[8] Jesús, hombre libre.  Sígueme, Salamanca 1990, 29-30
[9] ECHEGARAY, H. La práctica de Jesús, Cep, Lima 1981, 129
[10] SCHILLEBEECKS, E. Jesús, la historia de un viviente. Cristiandad, Madrid 1981, 213-214
[11] ECHEGARAY, Práctica, 118-119
[12] SCHILLEBEECKX, E. Jesús, la historia de un viviente, 214
[13] MATEOS-CAMACHO, Evangelios, 33-34
[14] ECHEGARAY, Práctica, 121-122
[15] SCHILLEBEECKX, E. Jesús, la historia de un viviente, 249-251
[16] MATEOS-CAMACHO, Evangelios, 132
[17] SCHILLEBEECKX, E. Jesús, la historia de un viviente,  377-380
[18] MATEOS-CAMACHO, Evangelios, 140-141
[19] JEREMIAS, Parábolas, 201-203
[20] SEGUNDO, J.L. La historia pedida y recuperada de Jesús de Nazaret. Sal Terrae, Santander 1991, 195-196
[21] JEREMIAS, Parábolas, 159-160
[22] ECHEGARAY, Práctica, 117
[23] HORSLEY, R.  Jesús y el imperio. Verbo Divino, Estella 2003, 142
[24] MATEOS-CAMACHO, Evangelios, 136
[25] SEGUNDO, Historia perdida, 167